Los ‘pandemiólogos’ miran el VAR

 En Opinión

ÉRIKA MONTAÑÉS, Periodista

Cuando iban a llegar las primeras dosis de las vacunas del coronavirus a nuestro país, se planteó el orden “natural” que debía seguir la inmunización partiendo de un primer criterio básico: “el principio de compensación”, lo llamaron las autoridades sanitarias. ¿A quién había que “compensar” con los viales? A los residentes, nuestros mayores, porque “habían sufrido mucho durante la primera ola de la pandemia”, se dijo. Lejos de ser falaz ese argumento, ese padecimiento había arrastrado consigo, como mínimo, la mayor parte de los casi 50.000 muertos que llevábamos entonces y la razón esencial para vacunarles era, en realidad, su vulnerabilidad ante un siguiente azote del virus. Era difícil una compensación, tremendamente complicado subsanar las vidas que han quedado trastocadas para siempre, con un bicho incrustado en la memoria que no permite cavilar un horizonte claro a corto plazo.

Tapar tanto dolor con unos viales ya era una labor estratosférica, pero si una cosa ha quedado clara en esta tragedia del Covid-19 es que lo que más ha aflorado en nuestro país son los epidemiólogos sin título.

De igual modo que en cada casa hay un árbitro de fútbol, y un VAR para revisar las mejores jugadas, en cada hogar ha crecido un ‘pandemiólogo’. Estas personas han mutado cual pangolines de su letargo habitual en grandes sabios de la inmunología y han diseñado su propio plan de vacunación. Por qué los mayores fue su primera pregunta. Por qué no antes los jóvenes resueltos, policías, funcionarios, docentes, reponedores y funerarios que se manejan todos los días cara a cara frente al patógeno. Tenía su lógica pensarlo, toda vez que los mayores, pasadas las peores bocanadas del virus, se han recluido y cuidado como nadie. Prueba de ello es que en Navidad solo un 5% de los ancianos internos en residencias y geriátricos salieron al exterior a pasar las fiestas con sus seres queridos. ¡Y eso que les hacía más falta que nunca!

¿Por qué los mayores? ¿Por qué una estrategia que priorice a los residentes, luego a los mayores de 80 y luego ya empezaremos a bajar el rango de edad? Exactamente lo mismo pensaron en su domicilio los obispos de Cartagena o Mallorca, los Jemad y altos cargos del Ejército (que no estaban para servirle a usted, en ese momento), los consejeros de Sanidad de Murcia, Ceuta y algún resabido más. Así que con la tentación de ese vial sobrante que “no iba a utilizar nadie”, pusieron el “principio de compensación” exactamente en el mismo lugar donde fue a parar la solución de Pfizer o Moderna que se inocularon de tapadillo, a los adentros donde nadie los viese y donde la moralidad de un atraco a mano armada no pudiese dar síntomas de estar viva.

Digamos que, a estas alturas del tercer acto de la pandemia, ahora en este país donde la picaresca es uno de nuestros salerosos puntos fuertes, tenemos que resolver todavía dos grandes principios: el de la compensación por tanto dolor y por tanto listillo que anda suelto.

 

(Las opiniones vertidas en los artículos de opinión de El Periódico del Voluntariado corresponden a los autores y autoras y no necesariamente coinciden con los de la Plataforma del Voluntariado de España).

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