Natalia Dzvonkovska, voluntaria en la crisis de Ucrania

“Las ONG tienen los medios para que la ayuda realmente llegue a Ucrania ”

 En Entrevistas

Por Nieves Sanjuan

¿Cómo vive una persona ucraniana el conflicto desde otro país? En España residen más de 112.000 personas de nacionalidad ucraniana. Natalia Dzvonkovska es una de ellas. Nacida en la región Ivano-Frankivsk, de Ucrania,  vive en nuestro país desde el año 2004. Actualmente trabaja en UNAD, la Red de Atención a las Adicciones, pero continúa formándose en el Tercer Sector porque si algo tiene claro es que la vida está para aprender. Cuando estalló el conflicto, Natalía no lo dudó y a pesar de estar en Madrid se propuso pasar a la acción. Hoy nos cuenta cómo está viviendo una guerra que padecen familiares, amistades y ella misma, en la distancia.

 ¿Cómo vives la situación desde España?

He pasado por varios estados y emociones. El primer día cuando estalló la guerra, no me lo podía creer y me sumí en un estado de negación total. Según iban pasando las horas y recibía llamadas de mi familia y de mi entorno en Ucrania me fui haciendo a la idea de que la guerra era real. En ese momento sentí mucho miedo. Entre en estado de shock y no sabía qué hacer. El primer día lo pasé muy mal, no podía dejar de llorar porque no llegaba a comprender la magnitud de la situación. Desde aquí, veía las noticias y todo parecía apocalíptico, que se acababa el mundo. Parte de mi familia reside en España y otra parte en Ucrania y sólo han podido salir las mujeres, niños y niñas. Sin duda, es lo que más me duele, ver cómo las familias tienen que separarse. Familias rotas que no saben cuándo volverán a sus hogares ni a verse.

¿Qué te llega de las personas de tu entorno que siguen en Ucrania?

Lo primero que llega es un mensaje tranquilizador. Saben que en la distancia se vive mal porque desconocemos el alcance real y el miedo es el peor enemigo. En estos momentos, Ivano-Frankivsk, mi región, no es de las más atacadas, el ejército ruso bombardeó el aeropuerto y una base militar, pero no es de las peores zonas del país en estos momentos.  Cuando hablo con la parte de la familia que sigue allí siempre me intentan transmitir que “Todo está bien”.

¿Cómo percibes la ola europea de solidaridad con tu país?

Nunca he visto una ola de solidaridad y comprensión tan grande en ninguna catástrofe. No solo se ha movilizado el gobierno o las ONG, también las personas. Personas que de repente se han empezado a montar iniciativas en apoyo a la población ucraniana. Es brutal, muchísima gente llamándome y preguntando, “¿Qué puedo hacer?”.

Personas que quizás hacía mucho que no veía, han contactado conmigo para ofrecer su casa, material médico, transporte… y no sabían a donde acudir o cómo ayudar. He sentido una sensación de solidaridad y de acogida que realmente me ha hecho sentir que Ucrania no está sola. Lo percibo yo y las personas que aún están allí.

¿De qué manera estás ayudando a las personas afectadas por el conflicto?

Lo primero que hice fue acudir al Colegio Madrigal de Fuenlabrada, donde estudia mi hijo, para ver de qué manera iban a actuar y cómo podíamos organizar la recogida de ayuda.  Después escribí al ayuntamiento de Fuenlabrada, donde resido, con el mismo mensaje y al día siguiente recibí una llamada y nos reunimos para dar una respuesta común. Así el consistorio, junto con el tejido social del barrio, organizó una manifestación pacífica en apoyo al pueblo ucraniano. Me propusieron realizar el discurso de la manifestación condenando la guerra y no dudé ni un momento. Ese día sentí un gran orgullo de Fuenlabrada y de sus habitantes porque se volcaron totalmente.

También colaboro desde el máster que estoy realizando de Fundraising en la Universidad Complutense. Bajo el lema “Menús solidarios para Ucrania”, tenemos el soporte de la Fundación UCM y la oportunidad de buscar alianzas, como la de World Central Kitchen, que da comida caliente a las personas que esperan para cruzar la frontera. Además estoy en un grupo de whatsapp junto a otras muchas personas que prestan, buscan y ofrecen todo tipo de ayuda.

¿Cómo se está organizando la ayuda recibida?

Por un lado se está organizando todo a nivel estatal. Legislativamente se ha preparado lo necesario y se han abierto varios centros para la acogida de personas que huyen del conflicto. También se están coordinando las ONG, tanto a través del Gobierno como de la población civil, buscando donde está la necesidad. Muchas organizaciones grandes han creado alianzas para poder ayudar a la población ucraniana de manera conjunta. A nivel de la población civil no hay un orden establecido. Hay muchísimas personas que quieren ayudar buscando alojamientos, ofreciendo sus casas, como intérpretes, transporte… y aunque parece que es un caos, todo llega a su destino.

¿Las ONG tienen un papel importante en este tipo de situaciones?

Si, totalmente. Las ONG saben y tienen los medios para que toda la ayuda realmente llegue. Saben cómo hay que actuar en estas situaciones, incluso se anticipan a cosas que quizás al resto de las personas no se les ocurriría.

Tienen más impacto, alcance y medios para llegar a donde se necesita. El tercer sector ejerce como interlocutor para ayudar a esas personas, por un lado, apoyando a la gente que quiere ayudar y por otro, a la gente que necesita ayuda. También actúa con la Administración para coordinar una acción eficaz.

¿Qué le dirías a una persona que quiere ayudar ?

La gente me llama, me pregunta y no dudo en decir que si las personas quieren ayudar deben contactar con una ONG. Sea grande o pequeña, lo mejor es colaborar con ellas, ya sea donando o haciendo voluntariado.

¿Cómo crees que se resolverá esta situación?

No sé cómo o cuando acabará. Pero espero que al menos saquemos aprendizajes, como nos pasó tras la crisis sanitaria (que aún hoy vivimos). Seguro que aprenderemos a valorar todo lo que nos rodea mucho más. Nuestro hogar, nuestra familia, el trabajo que tenemos, la vida que vivimos… desde lo más grande a lo más mundano, desde lo extraordinario a lo cotidiano.

También debemos tener claro que va a haber mucha gente que va a necesitar nuestro apoyo, no solo ahora, cuando todo acabe. Cuando no tengan un hogar al que volver tendremos que seguir apoyando a mucha gente muy vulnerable.

 

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