Sandra Ruiz, voluntaria del proyecto europeo YEVE

“Hacer voluntariado te llena el alma a todos los niveles”

Sandra Ruiz, es trabajadora social y voluntaria en Oxfam Intermon. Desde septiembre de 2022 ha sido una de las seis jóvenes españolas que ha participado en el proyecto YEVE de la Unión Europea. Tras haber finalizado su aventura, nos habla sobre su experiencia haciendo voluntariado y sobre las competencias aprendidas en este viaje.

 En Entrevistas, Nuestras Entidades
Sandra Ruiz en el edificio del Parlamento de la UE

Por Irene Ortiz

Como todas las aventuras, esta ha llegado a su fin.  El avión de Bruselas aterrizó hace escasamente treinta minutos y Sandra Ruiz, una jerezana de 29 años, me atiende en el aeropuerto de Madrid con la nostalgia a flor de piel. “Me da penita despedirme del equipo”.  Eso salta a la vista. Atrás quedó el proyecto europeo YEVE, una experiencia en la que ha estado inmersa durante meses junto a cinco jóvenes procedentes de varios puntos del Estado y le ha permitido conocer a voluntariado de 36 países europeos. Una vivencia única, de esas que se quedan para toda la vida. 

Sandra Ruiz es trabajadora social y, actualmente, voluntaria en Oxfam Intermon. Desde muy pequeña sintió la necesidad de hacer voluntariado. Su entorno, un barrio de Jerez de la Frontera (Cádiz), que ella misma califica  “complicado” la impulsó hacia la solidaridad. Con apenas 14 años, decidió prestar apoyo a personas que estaban mal. Desde entonces, ha pasado por distintos ámbitos sociales como la Asociación Hogar La Salle Jerez, donde prestó apoyó a menores en riesgo de exclusión social o por AFAR, donde trató con personas con Alzheimer.

La oportunidad de participar en un proyecto de voluntariado europeo la pilló por sorpresa. No muy convencida por su escaso dominio del inglés, se inscribió en la iniciativa “por si acaso”. Y ese “por si acaso” ahora le ha cambiado la vida en muchos aspectos. Todas las competencias aprendidas las pondrá en práctica para acercar Europa a localidades de España. A su tierra. Siempre acompañada, eso sí, de un gran equipo de trabajo.

¿Cómo surgió la chispa de hacer voluntariado?

Yo comencé hace muchísimo años, llevo más de 10 años de voluntaria.  Vivía en un barrio un poco complicado en Jerez y desde pequeña me llamó la atención el hecho de que mi barrio fuera diferente al resto. Una vez me acerqué al Cáritas que había en la parroquia y vi a las personas pidiendo alimentos. Entonces pregunté que en qué podía ayudar yo. Ahí empezó todo. Yo creo que esto surge sobre todo cuando eres pequeña por los valores que te enseñan en casa, el colegio y el entorno en el que vives.

La mayoría de la gente busca la compensación, hacer algo a cambio de otra cosa. En el voluntariado, ¿qué beneficios obtienes?

Hacer voluntariado te llena de valores, de riqueza, de experiencias personales. Conoces a un montón de gente nueva y diferentes realidades, incluso culturas e idiomas. Además, no solo te ayuda a nivel personal, sino también laboral. Las personas que dicen que no van a dar su tiempo a cambio de nada, no saben la de cosas que ganarán en todos los niveles.

El proyecto YEVE comenzó a finales de septiembre de 2022, con gente totalmente desconocida… ¿Con qué expectativas afrontabas esta aventura?

Yo me apunté de casualidad. Me llegó la información a través de la PVE porque estoy trabajando en la Plataforma del Voluntariado de Cádiz. Oportunidades como esta siempre me han causado cierto rechazo por mi nivel de inglés o porque me pillaban trabajando. También experiencias como el Erasmus, al ser yo más mayor, en mi tiempo no había tanta información como la hay ahora. Entonces, cuando vi esta oportunidad y me di cuenta de que entraba dentro del rango de edad que era hasta los 30 años, decidí solicitarlo “por si acaso”. Aún sabiendo que no dominaba mucho el inglés.

Al principio si que es verdad que tenía un poco de miedo por lo típico de que no sabes dónde te estas metiendo, pero luego súper bien. Yo suelo encajar con la gente porque soy una persona muy sociable. Pero mi miedo era más por la parte internacional: gente de diferentes países, más jóvenes que yo, el idioma…

Entonces, ¿se han cumplido todas tus expectativas a pesar de los miedos?

Sí, sí. Mis compañeros y compañeras me lo han facilitado todo. Conocíamos los puntos débiles de los demás y nos hemos apoyado y ayudado. Estoy súper agradecida. Me he dado cuenta de que ponerse límites a una misma es lo peor que se puede hacer. La de cosas que nos perdemos por limitarnos.

El equipo de trabajo imagino que es fundamental en el voluntariado. Entre las sesiones formativas del proyecto YEVE, ¿os han enseñado a trabajar en equipo?

Sí, claro. Hemos tenido que realizar un documento con todas las competencias que hemos adquirido a través de este proyecto. El trabajo en equipo era una de ellas. En cada debate, por ejemplo, teníamos que llegar a un acuerdo todo el grupo. Luego también hemos trabajado la comunicación tanto interpersonal como con el propio equipo, la organización y planificación del trabajo y hasta cómo realizar tu propia campaña.

¿Crees que ha cambiado tu manera de hacer voluntariado en algún aspecto?

Bueno quizás si que tengo otra visión… En este caso más europea o más internacional. Al final es lo que te digo, al ser yo más mayor tenía mayor experiencia sobre voluntariado. Pero sí, siempre se aprende algo nuevo y se añaden nuevas competencias.

¿Qué importancia tiene la acción voluntaria en la construcción de Europa?

Estos proyectos ayudan a mejorar la solidaridad. Además, en mi caso, mi campaña la he centrado en la educación, en llevar los valores europeos a lo local, a barrios como el mío. He intentado acercar algo tan lejano como es Europa a sitios pequeños para que la conozcan mejor . Por ejemplo, realizar preguntas súper sencillas como: “¿En qué país se come pasta?” o haciendo juegos para aprender otros idiomas. Al final es hacer actividades para la gente pueda ver Europa de cerca.

Ahora que ha finalizado esta aventura y vuelves a Cádiz, ¿qué planes tienes?

Voy a seguir haciendo todo lo que pueda por acercar Europa a lo local. A mí me gusta mucho la actuación para transformar; ser un agente de cambio. Si tú a un menor le llenas de valores y de competencias, le estás dando la oportunidad de que siga creciendo, de salir más allá de su círculo. Y como yo eso lo he vivido y sé que funciona, mi idea es seguir en esa línea.

A raíz de estos proyectos, he intentado adquirir todos los conocimientos posibles sobre Europa y el mundo internacional para poder trasladarlos a Jerez a través de iniciativas mías propias.

¿Qué mensaje te gustaría transmitir a aquellas personas que no tienen muy claro si hacer voluntariado?

Les diría que se arriesgaran. No saben la riqueza que se gana sobre todo a nivel personal. Que no tengan miedo de acercarse a ciertos colectivos como las personas mayores o las personas con discapacidad porque crean que no saben cómo tratarlos… Todas estas acciones llenan el alma. El voluntariado es un estilo de vida. Y el que lo prueba ya no lo deja, se engancha.

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